Donde los sentidos se subyugan
Sólo estuve unas horas en la capital de Guipúzcoa, San Sebastián, y aunque hacÃa bastante viento y lloviznaba, el paseo por La Concha y Ondarreta no perdió ni una brizna de encanto, y la belleza de la bahÃa me subyugó. El mar embravecido era el contrapunto perfecto de la tranquilidad que se respiraba en el paseo repleto de gente y decorado al fondo con bellos edificios que comenzaban a iluminarse al ocaso del sol. Mientras me dejaba embriagar por este espectáculo las tres colinas que abrazan la bahÃa (el monte Urgull, el monte Igeldo y, en medio, la isla de Santa Clara) se mantenÃan en sus puestos delimitando naturalmente el contorno de la ciudad.
Después indagué el regusto de la urbe dirigiéndome a la peatonal Parte Vieja, donde los comercios, bares y terrazas se apelotonaban sin sentido formando una estampa singular mezcla de todas las clases, culturas y edades. Aquà descubrà tres monumentos: la iglesia de San Vicente, construcción gótica del siglo XVI, el museo de San Telvo, antiguo convento de los dominicos, y la basÃlica de Santa MarÃa del Coro. En esta zona se hallan también el mercado de La Bretxa y la plaza de la Constitución.
Más señorial es la parte por donde el rÃo Urumea va dejando su curso hasta mezclarse con las aguas bravas del mar Cantábrico. Aquà predominan las construcciones señoriales y los puentes profusamente decorados como el de MarÃa Cristina, hoteles grandiosos o edificaciones emblemáticas como el Teatro Victoria Eugenia. Pero también hay hermosos palacios como el de Mirarmar o el de Aiete, rodeados de profusos jardines, que constituyen los pulmones verdes de la urbe.
Ciudad variopinta, cultural, no olvidemos que acoge numerosos festivales de cine, música, teatro…, San Sebastián tiene su encanto, pero lo mejor es que lo descubra uno mismo.
Tags: Ciudades del mundo, PaÃs Vasco


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